El consumo en Argentina mostró en febrero una tenue señal de recuperación, pero lejos de configurar un cambio de tendencia. Con una suba interanual de apenas 0,5% y un crecimiento mensual desestacionalizado de 0,9%, el dato marca más una pausa en la caída que el inicio de un ciclo expansivo. Detrás de ese número, persisten debilidades estructurales que impactan de lleno en la actividad industrial.
Según el último informe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), el repunte de febrero corta una racha de tres meses consecutivos de retroceso, aunque en un contexto donde la inflación volvió a acelerarse y el ingreso real de los hogares se mantiene prácticamente estancado. Este escenario condiciona la demanda interna, principal motor de amplios sectores industriales.
Desde una perspectiva productiva, el dato más relevante no es el leve crecimiento general, sino la composición del consumo. Mientras algunos rubros muestran rebotes puntuales -como indumentaria y calzado, con un alza interanual de 12,8%, explicado en gran medida por una baja base de comparación-, el consumo masivo continúa en terreno negativo, con una caída de 3,4% interanual y una contracción aún más marcada en la medición mensual desestacionalizada.
Este deterioro del consumo cotidiano es una señal de alerta para la industria, especialmente para los sectores vinculados a alimentos, bebidas y bienes de rotación rápida. Se trata de segmentos con fuerte capilaridad productiva, alto empleo y una relación directa con el nivel de actividad general. La caída en este rubro no solo refleja la pérdida de poder adquisitivo, sino también un cambio en los patrones de consumo que puede impactar en la estructura productiva.
A esto se suma el comportamiento errático de los bienes durables. Si bien algunos indicadores sugieren una mejora respecto a los niveles deprimidos de 2024, el acceso al crédito -clave para dinamizar la compra de autos, electrodomésticos o inmuebles- muestra señales de agotamiento. La volatilidad de las tasas de interés y el freno en el financiamiento hacia hogares comenzaron a limitar nuevamente este tipo de consumo, afectando directamente a ramas industriales como la automotriz y la línea blanca.
En paralelo, sectores vinculados a servicios básicos también evidencian contracciones significativas. El rubro de vivienda, alquileres y servicios públicos registró una caída de 4,9% interanual, en parte explicada por una fuerte baja en la demanda eléctrica. Este dato no es menor: suele ser un termómetro indirecto de la actividad económica, incluyendo la industrial.
El contexto macro tampoco ayuda a consolidar una recuperación. La inflación de febrero, del 2,9%, marcó el sexto mes consecutivo por encima del 2%, interrumpiendo el sendero de desaceleración observado durante buena parte de 2024. A nivel internacional, la suba del precio del petróleo en el marco de tensiones geopolíticas agrega presión sobre los costos logísticos y energéticos, con impacto directo en la estructura de costos industriales.
En este marco, el leve repunte del consumo aparece más como un dato aislado que como una señal robusta de recuperación. La industria continúa enfrentando un escenario de demanda débil, crédito limitado y costos en alza. Sin una mejora sostenida del poder adquisitivo y condiciones financieras más estables, el crecimiento del consumo difícilmente pueda consolidarse y, con él, la recuperación del entramado productivo.





