Parecía una alianza sólida, firme, casi perfecta. Donald Trump llegó a su segunda presidencia de los Estados Unidos apuntalado por, quizás, el empresario más rico y disruptivo del mundo, una condición que hoy se corporiza con claridad en Elon Musk.
Compartieron actos preelectorales, mensajes al unísono y, tras el respaldo del pueblo norteamericano al actual presidente, continuaron durante algunos meses casi en modo siamés.
Pero algo se rompió en un abrir y cerrar de ojos. El cuestionamiento frontal -“es abominable”- de Musk al proyecto de ley de presupuesto propuesto por Trump marcó un antes y un después.
Desde entonces, el empresario tomó distancia y ese distanciamiento se refleja con nitidez en sus manifiestos públicos a través de su propia red social X, donde en más de una oportunidad puso en duda el éxito del plan económico del gobierno estadounidense.
Sin ir más lejos, hace apenas unas horas, Musk expuso sin rubor las enormes diferencias que separan a Estados Unidos de China en materia energética. A grandes rasgos, proyectó que en el corto plazo la generación eléctrica podría alcanzar una proporción de tres a uno a favor de China.
Y si hay algo que irrita particularmente a Trump es, precisamente, que se ponga en evidencia la ventaja que China le está sacando a Estados Unidos en un terreno tan sensible para la geopolítica global como la energía.
El tuit de Elon Musk no fue una ocurrencia aislada. Al señalar que la generación eléctrica china crece “súper rápido”, con la energía solar como principal aporte incremental, Musk puso en agenda un dato clave del nuevo orden económico: la electricidad es hoy un indicador directo de poder industrial y geopolítico.
En la economía de la inteligencia artificial, los data centers, la movilidad eléctrica y la industria electrointensiva, la disponibilidad de energía barata y abundante es tan estratégica como lo fue el petróleo en el siglo XX. No se trata solo de “transición verde”, sino de capacidad real de producción.
Los datos confirman la tendencia de fondo. En 2024, Estados Unidos generó 4.308 TWh (teravatio-hora) de electricidad, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA). En el mismo período, China superó los 10.000 TWh, más del doble que EE.UU., de acuerdo con estimaciones consolidadas por Ember (un centro internacional de análisis sobre energía de gran prestigio).
Aunque la diferencia tres a uno mencionado por Musk todavía no es una relación exacta, claramente, la brecha ya es estructural. China produce mucha más electricidad total y lo hace con una velocidad de expansión que Estados Unidos no logra igualar, a pesar de destinar fuertes incentivos fiscales y subsidios industriales.
Un punto central es el rol de la energía solar. En el primer trimestre de 2025, China marcó nuevos récords de generación eléctrica limpia, con la solar como el componente de mayor crecimiento interanual (+48%), según reportó la agencia Reuters citando datos oficiales y de analistas energéticos
La energía solar se convirtió en una herramienta industrial: se instala rápido, reduce costos marginales y sostiene la expansión de redes, baterías y electrónica de potencia, sectores donde China también domina la cadena de valor global.
La asimetría con EE.UU. empieza a tener consecuencias geopolíticas. Mientras China suma capacidad eléctrica, Estados Unidos enfrenta un fuerte aumento de la demanda impulsado por la IA y los data centers, con récords de consumo proyectados para 2025 y 2026, según la propia EIA.
Para Argentina, este reordenamiento energético global no pasa inadvertido. El país aparece como proveedor estratégico de energía y minerales, en un mundo que demanda electricidad, gas y almacenamiento. Vaca Muerta es el primer activo, a tal punto que la producción de petróleo y gas alcanzó niveles récord en los últimos dos años
En concreto, el año pasado Argentina registró el mayor superávit energético en décadas, con un saldo positivo cercano a 7.800 millones de dólares. A esto se suma el litio, con una concentración de alrededor del 13% de las reservas mundiales identificadas, un dato clave para la disputa entre China y EE.UU. por baterías y almacenamiento.
El poder del siglo XXI se mide en electrones puede ser una interpretación del tuit de Musk. China ya juega a gran escala, EE.UU. corre para no perder terreno y Argentina todavía está a tiempo de decidir si solo exporta energía o, en todo caso, la usa como palanca para desarrollo industrial y posicionamiento estratégico.





