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El debate por las maquinarias usadas y la defensa del valor agregado argentino

El reciente Decreto 273/25, que elimina el Certificado de Importación de Bienes Usados (CIBU), reavivó un debate clave para el entramado industrial argentino. Por un lado, miles de pequeñas y medianas empresas ven en esta medida una posibilidad concreta de acceder a tecnología más accesible para modernizar sus líneas de producción. Por el otro, distintas voces industriales advierten sobre los riesgos de habilitar el ingreso de maquinaria obsoleta o sin controles técnicos adecuados, lo que podría generar una competencia desleal frente a la producción nacional.

La eliminación del CIBU no puede leerse como un simple gesto de apertura comercial. En juego está la forma en que Argentina construye su política industrial, equilibra intereses dentro de su tejido productivo y proyecta su desarrollo a mediano plazo. El certificado no era una barrera arancelaria ni un obstáculo burocrático caprichoso: se trataba de una herramienta diseñada para evitar que el país se transforme en un destino final de equipamiento descartado por otras economías.

Sin embargo, también es cierto que muchas PyMEs industriales vienen reclamando desde hace tiempo la posibilidad de incorporar maquinaria usada como una solución concreta a los problemas de escala, productividad y falta de financiamiento. En un contexto donde el crédito escasea y el costo de capital sigue siendo elevado, permitir el acceso a equipamiento -aunque sea de segunda mano- puede ser una forma de evitar la parálisis o el estancamiento tecnológico.

La tensión entre estos dos enfoques es real y legítima. Existen sectores que necesitan imperiosamente renovar su parque industrial para poder competir, al mismo tiempo que otros advierten que esta flexibilización podría afectar el mercado interno y poner en riesgo capacidades instaladas que costaron décadas construir. Lo importante es reconocer que ambos forman parte de un mismo ecosistema, y que las políticas públicas deberían buscar articular intereses antes que enfrentarlos.

La industria nacional debe ser pensada como un todo. Las decisiones que se toman sobre un eslabón repercuten en el resto de la cadena. Abrir la puerta a maquinaria usada sin un marco regulatorio adecuado puede ser funcional para ciertos sectores, pero también puede provocar un retroceso en términos de calidad, seguridad laboral y desarrollo tecnológico si no se establecen estándares mínimos que ordenen ese flujo.

Actualmente, el sector metalmecánico emplea a más de 300.000 trabajadores de forma directa y representa el 5% del Producto Bruto Interno nacional y el 25% del valor agregado industrial. Está compuesto por más de 20.000 empresas, en su mayoría PyMEs, con fuerte presencia en provincias como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Mendoza. Además, genera exportaciones que promedian los 5.000 millones de dólares anuales. Esos números ayudan a dimensionar lo que está en juego en esta discusión.

El desarrollo industrial argentino siempre ha estado marcado por este tipo de tensiones. No se trata de optar entre una economía cerrada o abierta, sino de construir reglas de juego claras que permitan modernizar sin desindustrializar, competir sin destruir empleo, incorporar tecnología sin resignar capacidades locales.

Una política industrial inteligente debería permitir el ingreso de maquinaria usada bajo criterios técnicos rigurosos: certificaciones de funcionamiento, antigüedad máxima, impacto ambiental, origen y trazabilidad. No se trata de frenar el acceso a la tecnología, sino de evitar que la necesidad urgente de muchas empresas se traduzca en una puerta abierta a chatarra importada o equipos inseguros.

En paralelo, es imprescindible revisar el contexto en el que se toman estas decisiones. La competitividad argentina está afectada por múltiples factores: carga impositiva, trabas logísticas, costos laborales ocultos, marcos regulatorios complejos. Sin resolver esos nudos estructurales, ninguna apertura comercial —ni selectiva ni total— podrá traducirse en desarrollo sostenido.

Hay una oportunidad clara de potenciar el perfil industrial del país, sobre todo a partir de los recursos energéticos y minerales que pueden ser la base de nuevas cadenas de valor. Para eso se necesita una estrategia de largo plazo que articule producción local, incorporación tecnológica y generación de empleo. No alcanza con desregular: hay que planificar.

La mirada industrialista no es nostálgica ni conservadora. Por el contrario, exige adaptarse a los nuevos tiempos sin resignar el protagonismo productivo. La tecnología -nueva o usada- debe ser un instrumento para mejorar capacidades y no una excusa para desarmar sectores que todavía tienen mucho para dar.

Si el objetivo es reconstruir una economía sólida, con generación de valor agregado y empleo de calidad, entonces la discusión no puede limitarse a medidas puntuales. Debe incluir una visión más amplia sobre cómo se defiende y se proyecta la industria argentina. Y eso implica escuchar a todos los actores, con sus diferencias, pero con el compromiso compartido de poner a producir al país.

Ramallo: cuestionan un nuevo cobro al transporte pesado que encarece la logística

La Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) cuestionó el esquema de cobros implementado por la Municipalidad de Ramallo sobre el tránsito pesado que utiliza el denominado Acceso Sánchez, una vía de 5,1 kilómetros que conecta la Ruta Nacional 9 con el parque industrial y el Puerto de San Nicolás. El reclamo empresario apunta a la instalación de pórticos tecnológicos vinculados con la Licitación Pública N° 3/25. Según la CAC, las tarifas llegan hasta $37.000 por el pesaje dinámico y suman otros $25.000 por el ingreso a determinados predios. La entidad sostiene que el problema se agrava porque no existen

La tijera fiscal impacta de lleno en la infraestructura y las obras clave para las industrias provinciales

Las transferencias no automáticas acumuladas a las provincias registraron un desplome del 63,1% real en los primeros ocho meses de 2026, lo que pone en jaque la continuidad de obras estratégicas para la competitividad industrial de las economías regionales. El recorte en las partidas de capital acumuladas alcanzó un 45,2% real, un dato de fuerte alarma para el entramado productivo. Estas asignaciones resultan vitales para financiar la infraestructura vial, energética y logística que abarata los costos de transporte de las fábricas. En agosto, el rubro de transferencias de capital destinó apenas $12.894 millones para todo el país, reflejando la marcada

Los sectores energéticos y las exportaciones sostienen a la industria siderúrgica

La producción de acero crudo alcanzó las 377.500 toneladas durante el mes de julio, volumen representó un incremento del 9% en comparación con junio, según informó la Cámara Argentina del Acero. En la medición interanual, el sector exhibió una fuerte expansión del 15,3%. Asimismo, en el acumulado de los primeros siete meses del año, la actividad registró un crecimiento positivo del 10,7%. Por el contrario, la producción de laminados planos y no planos sumó 319.200 toneladas, anotando un leve retroceso del 0,8% mensual. Pese a esta caída puntual, la cifra se ubicó un 15% por encima de julio del año

La UIA reclamó a ARCA medidas urgentes para aliviar la situación de las pymes

La Unión Industrial Argentina (UIA) reclamó a la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) nuevas medidas para aliviar la situación financiera de las pymes industriales, en un escenario marcado por la caída de la actividad y del empleo. El planteo fue analizado durante la reunión de la Junta Directiva de la entidad fabril, que abordó la coyuntura económica, la agenda tributaria y la situación de los distintos sectores productivos. La UIA valoró la reapertura del régimen de facilidades de pago establecido por la Resolución General 5875/2026, que incorpora obligaciones vencidas hasta el 30 de junio de este año y

Créditos en dólares: el peligro de revivir una trampa histórica

es correcto lo del El Banco Central de la República Argentina (BCRA) adecuará el marco regulatorio para ampliar las financiaciones en moneda extranjera otorgadas por el sistema financiero. La medida busca utilizar los depósitos en dólares para canalizarlos hacia la inversión privada y la actividad económica. Para la industria nacional, golpeada por la recesión y la caída en el consumo interno, la promesa de financiamiento siempre resulta atractiva. Sin embargo, abrir el crédito en dólares a tomadores que no generan divisas enciende señales de alerta por los precedentes históricos del país. La norma prevé que hasta un 15% de los