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El mercado prevé menor crecimiento, inflación persistente y un dólar contenido

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central reflejó un escenario de desaceleración económica respecto de las proyecciones que predominaban a comienzos del año. Los analistas recortaron sus estimaciones de crecimiento para 2026 y elevaron las previsiones de inflación, en un contexto de fuerte ajuste fiscal y moderación del crédito.

La expectativa de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) para 2026 se ubicó en torno al 2,8%, por debajo de las estimaciones de meses anteriores. El dato confirma que el mercado espera una economía que seguirá expandiéndose, aunque a un ritmo más moderado que el proyectado inicialmente.

Desde una perspectiva industrial, la revisión a la baja del crecimiento constituye una señal de alerta. La actividad manufacturera depende en gran medida del nivel de inversión y del consumo interno, dos variables que continúan mostrando signos de fragilidad.

Los participantes del REM estiman que la economía crecerá trimestre a trimestre durante el año, aunque con avances relativamente modestos. Para el segundo trimestre proyectan una expansión del 1% respecto del trimestre previo, mientras que para el tercero prevén una mejora del 0,9%.

La inflación sigue apareciendo como uno de los principales desafíos. Las consultoras y entidades financieras relevadas por el Banco Central proyectan una inflación anual cercana al 30,5% para 2026, una cifra superior a la prevista meses atrás.

Si bien el proceso de desaceleración de precios continúa, el mercado considera que la convergencia hacia niveles internacionales será más lenta de lo que esperaba el Gobierno. Para la industria, esto implica mayores dificultades para planificar costos, salarios y estrategias comerciales.

En materia cambiaria, el REM mantiene un escenario de relativa estabilidad. Las proyecciones ubican el dólar mayorista en torno a los $1.676 hacia diciembre de 2026, con una variación anual inferior a la inflación prevista.

Esta combinación de inflación superior a la depreciación del tipo de cambio implica una continuidad del proceso de apreciación cambiaria real. Se trata de una variable seguida de cerca por el sector industrial debido a su impacto sobre la competitividad de las exportaciones y la competencia de productos importados.

Las expectativas sobre tasas de interés también muestran una tendencia descendente. Los analistas prevén una TAMAR cercana al 22% anual para fines de 2026, consolidando un escenario de costos financieros más bajos que los observados durante los últimos años.

La reducción de tasas podría convertirse en un factor favorable para la inversión productiva, especialmente en actividades intensivas en capital como la industria manufacturera, la construcción y la adquisición de maquinaria.

En el mercado laboral, las previsiones muestran cierta estabilidad. El REM estima una tasa de desocupación cercana al 7,4% para el cierre de 2026, sin cambios significativos respecto de los niveles actuales.

Para el entramado industrial, este dato sugiere que la recuperación económica proyectada no alcanzaría para generar una expansión significativa del empleo privado formal durante el año.

Otro aspecto relevante es que el mercado continúa descontando la continuidad del equilibrio fiscal como eje central de la política económica. Esa expectativa contribuye a sostener la confianza financiera, aunque también limita la posibilidad de impulsar programas de estímulo sectorial.

Desde la óptica productiva, el desafío consiste en transformar la estabilidad macroeconómica en un proceso de crecimiento sostenido de la inversión. Sin una recuperación más vigorosa de la demanda y del crédito productivo, la industria podría enfrentar dificultades para acompañar las metas oficiales de expansión.

El REM de mayo, al cabo, muestra un escenario de menor crecimiento, inflación todavía elevada y un tipo de cambio que continuaría avanzando por debajo de los precios. Para la industria argentina, la clave pasará por mejorar productividad, ampliar exportaciones y sostener inversiones en un contexto donde la estabilidad macro comienza a consolidarse, pero aún no garantiza una recuperación vigorosa de la actividad manufacturera.