La capacidad ociosa de la industria aceitera argentina se redujo en 2025 al nivel más bajo desde 2011, de acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que destaca una recuperación significativa en el uso de las plantas de crushing. El relevamiento señala que el sector logró operar con un mayor grado de eficiencia, impulsado por una combinación de mejores condiciones comerciales y una mayor disponibilidad de materia prima.
Según el informe, la industria aceitera trabajó en 2025 con un nivel de utilización cercano al 80%, lo que representa una fuerte mejora respecto de los años previos, cuando la capacidad ociosa superaba el 40%. Desde la BCR remarcan que se trata del mejor registro en más de una década, en un complejo que cuenta con una de las infraestructuras industriales más importantes del mundo en procesamiento de soja y girasol.
Entre los factores que explican este desempeño, la Bolsa de Rosario subraya la normalización del flujo de granos hacia los puertos del Gran Rosario, luego de campañas afectadas por la sequía. La mejora en la producción permitió aumentar el volumen procesado, fortaleciendo el rol de la industria aceitera como principal generadora de valor agregado dentro del complejo agroindustrial argentino.
El informe también destaca el impacto positivo de una mayor competitividad exportadora, que incentivó el ritmo de molienda. En este sentido, la BCR señala que la industria respondió rápidamente a las señales del mercado internacional, consolidando su capacidad de adaptación frente a un contexto global desafiante y altamente competitivo.
No obstante, desde la entidad advierten que el desafío hacia adelante será sostener estos niveles de actividad. La evolución de la próxima campaña, las condiciones macroeconómicas y las políticas vinculadas al comercio exterior serán determinantes para que la industria aceitera continúe operando cerca de su potencial máximo.
Finalmente, la Bolsa de Comercio de Rosario remarca que la reducción de la capacidad ociosa no solo mejora la eficiencia del sector, sino que también tiene un impacto directo sobre el empleo, la logística y el ingreso de divisas, reafirmando el rol estratégico de la industria aceitera dentro de la estructura productiva nacional.








