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Pablo Dragún: “La productividad puertas adentro se diluye puertas afuera por el costo argentino”

Por Federico Clarat

En un contexto marcado por la heterogeneidad productiva y la necesidad de recuperar previsibilidad macroeconómica, la industria argentina enfrenta el desafío de transformar su potencial en crecimiento sostenido. Para analizar el escenario actual, Industriar dialogó con Pablo Dragún, director del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA), quien trazó un diagnóstico basado en datos propios, el trabajo con cámaras sectoriales y una mirada federal sobre la estructura productiva del país. Competitividad, financiamiento, demanda y estabilidad macroeconómica aparecen como ejes centrales de una agenda que, según remarca, resulta clave para que la industria vuelva a ser motor de inversión, empleo y desarrollo.

—¿Cómo construyen hoy un diagnóstico confiable sobre la realidad productiva argentina?
—La realidad productiva argentina es muy heterogénea y cambiante, por eso desde el Centro de Estudios de la UIA combinamos investigación propia sistemática con un contacto permanente con actores productivos reales, como las cámaras industriales y sectoriales.

Realizamos encuestas trimestrales a alrededor de 800 empresas y reuniones con los equipos técnicos de cada cámara, y complementamos esa información con datos estadísticos oficiales y privados para construir indicadores de producción, empleo, ventas y comercio exterior.

—¿Cuáles son las principales dificultades estructurales que enfrenta hoy la industria para crecer de manera sostenida?
—En el CEU elaboramos el informe sobre el “costo argentino”, donde analizamos productividad y competitividad en comparación con otros países. La industria argentina tiene una productividad por encima del promedio de América Latina y superior a la de países industriales de la región, pero esa productividad puertas adentro se diluye puertas afuera por problemas de competitividad.

La volatilidad macroeconómica, la falta de financiamiento, la elevada presión tributaria, la litigiosidad laboral, la burocracia y los altos costos logísticos y energéticos terminan afectando la capacidad de planificar, invertir y exportar.

—¿Qué diferencias observan entre los sectores que lograron adaptarse al nuevo contexto y los que quedaron más rezagados?
—Los sectores que mostraron mejor desempeño fueron aquellos vinculados a dinámicas específicas favorables, como la molienda asociada a una buena campaña agrícola, la energía y la minería impulsadas por Vaca Muerta, o algunos rubros con mayor acceso al crédito y a insumos importados.

En contraste, los sectores más rezagados enfrentan una combinación de caída de la demanda interna y mayor competencia de productos importados, especialmente en ramas orientadas al mercado interno como indumentaria, calzado o actividades ligadas a la construcción.

—¿Cómo impacta este escenario en la demanda y el empleo?
—La demanda interna no solo está afectada por la competencia importada, sino también por la evolución del consumo y el empleo.

Si bien algunos segmentos del empleo formal recuperaron poder adquisitivo, otros grupos —trabajadores informales, empleados públicos y jubilados— siguen mostrando un deterioro de ingresos, lo que limita la recuperación del mercado interno.

—¿Qué particularidades del interior productivo suelen quedar invisibilizadas en el debate público?
—Muchas veces no se refleja la gran heterogeneidad de la estructura productiva del interior del país, donde conviven actividades primarias, industriales y de servicios con distintos niveles de integración y escala.

También suelen subestimarse los mayores esfuerzos de adaptación tecnológica y las condiciones estructurales en las que operan estas actividades, como la distancia a los mercados, los costos de transporte y las restricciones en el acceso a energía, conectividad, financiamiento y capital humano.

—¿Qué variables resultan hoy más determinantes para la competitividad industrial?
—A partir del diálogo con los sectores industriales, los principales problemas de competitividad se identifican en los elevados costos de producción y la falta de financiamiento.

Estos factores impactan directamente sobre los márgenes, la inversión y la posibilidad de sostener la actividad. En los últimos meses, además, la baja demanda aparece como una preocupación creciente.

—¿Qué rol juega la información estadística propia de las cámaras industriales?
—Cumple un rol complementario a los datos oficiales, porque permite captar de manera más inmediata la diversidad de situaciones sectoriales y regionales. En una coyuntura tan cambiante, se demanda información más específica que ayude a interpretar con mayor precisión lo que ocurre en cada entorno productivo.

—¿La industria está en condiciones de aprovechar un escenario de mayor estabilidad macroeconómica?
—La normalización de variables como la inflación, el tipo de cambio y el orden fiscal permite recomponer horizontes de planificación y reactivar inversiones postergadas.

En muchos sectores hay capacidad instalada ociosa, capital humano y entramado productivo para responder rápidamente. Pero la estabilidad macro es una condición necesaria, no suficiente: sin reducir los costos sistémicos, el riesgo es que no se traduzca en producción, inversión y empleo.

—¿Qué reclaman hoy las empresas para mejorar la previsibilidad?
—Las empresas demandan estabilidad macroeconómica, reglas claras y mejores condiciones financieras. Muchas firmas tienen dificultades para afrontar pagos habituales y reclaman una menor presión financiera y tributaria, además de un acceso al crédito más estable que permita planificar inversiones y ordenar flujos de caja.

—¿Qué aporta una mirada industrial basada en datos en el debate económico actual?
—Aporta una perspectiva indispensable para comprender la economía real. El enfoque sectorial permite ver cómo las condiciones macro impactan de manera concreta y heterogénea en la producción, el empleo y la inversión.

La industria tiene un rol central para generar empleo de calidad, valor agregado y desarrollo regional, y eso solo se entiende con datos y realidades productivas.

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