Argentina cerró el segundo trimestre del año con un superávit de cuenta corriente de US$ 2.214 millones, un giro relevante frente al déficit de US$ 2.452 millones registrado un año antes, de acuerdo a datos preliminares publicados por el INDEC. La mejora confirma que el sector externo volvió a aportar recursos, aunque su solidez dependerá de convertir ese alivio en capacidad productiva sostenida.
El motor principal fue el comercio de bienes: las exportaciones alcanzaron US$ 27.557 millones y las importaciones US$ 18.264 millones, dejando un saldo favorable de US$ 9.293 millones. El superávit comercial creció US$ 6.625 millones interanuales, impulsado sobre todo por una suba de US$ 6.500 millones en las ventas externas.
La canasta exportadora mostró una presencia relevante de complejos industriales. El automotor aportó US$ 3.417 millones, mientras que el petróleo y la petroquímica sumaron US$ 1.353 millones; son sectores con potencial para ampliar escala, integración local y valor agregado.
El complejo sojero fue el mayor generador individual de divisas, con US$ 5.883 millones exportados. Sin embargo, el perfil industrialista plantea un desafío: avanzar desde la exportación de productos primarios y derivados hacia más procesamiento local, innovación y encadenamientos con proveedores nacionales.
También se destacaron las ventas externas de maíz, por US$ 2.597 millones, y de oro y plata, por US$ 1.591 millones. Estos ingresos fortalecen la disponibilidad de divisas, pero su contribución al desarrollo será mayor si se vinculan con inversiones en infraestructura, tecnología y producción nacional.
Las importaciones revelan, a la vez, una demanda intensa de insumos y bienes vinculados a la producción. El complejo automotor importó US$ 2.533 millones; el sector farmacéutico, US$ 1.233 millones; y hierro y acero, US$ 793 millones. Sustituir selectivamente componentes críticos permitiría reducir vulnerabilidades sin frenar la modernización industrial.
La cuenta de servicios siguió en rojo por US$ 2.102 millones. El turismo explicó US$ 1.230 millones de déficit y otros servicios empresariales, US$ 846 millones. En contraste, los servicios de telecomunicaciones, informática e información lograron un saldo positivo, una señal favorable para una estrategia exportadora basada en conocimiento.
El principal límite del superávit fue la salida neta por rentas de la inversión, que ascendió a US$ 6.032 millones. Dentro de ese total, los pagos vinculados a inversión directa fueron determinantes, lo que expone la importancia de promover reinversión de utilidades y una mayor densidad de capital nacional.
El país registró una capacidad de financiamiento externo de US$ 2.250 millones, luego de haber necesitado financiamiento por US$ 2.280 millones en igual trimestre de 2025. Es una mejora macroeconómica concreta: la economía generó más divisas de las que requirió para sus transacciones corrientes y de capital.
Las reservas internacionales aumentaron US$ 3.703 millones por operaciones del balance de pagos y llegaron a US$ 44.870 millones. La acumulación fortalece el margen de maniobra, aunque su consolidación exige que el excedente comercial no sea transitorio y se sostenga con exportaciones de mayor complejidad.
La posición de inversión internacional neta pasó a ser acreedora en US$ 33.860 millones, US$ 7.259 millones más que en el trimestre anterior. Los activos externos crecieron más que los pasivos, pero buena parte de esos activos se concentra fuera del circuito productivo local, una brecha relevante para la política industrial.
La deuda externa bruta subió a US$ 327.855 millones, con un aumento trimestral de US$ 4.724 millones. El incremento se concentró en el sector público, cuya deuda alcanzó US$ 181.113 millones; el reto es que el financiamiento externo se oriente a ampliar la productividad, la infraestructura y las exportaciones, en lugar de sostener desequilibrios recurrentes.
Fuente: INDEC, Dirección Nacional de Estadísticas del Sector Externo y Cuentas Internacionales. Datos preliminares del segundo trimestre de 2026.










